Mathías Riquero no olvida a Ñublense: «Nunca me quise ir»

A sus 37 años y formando parte del 11 ideal del fútbol uruguayo el 2019, el volante de contención recuerda su paso por Chillán. Un jugador aguerrido que llegó silenciosamente y que con el pasar del tiempo se ganó el cariño de la ciudad y del club, donde terminó siendo el capitán del equipo. 

El 2011 llegó a Chile para sumarse a Ñublense. Era presentado junto a Jaime Grondona, quien también llegaba al club y posaban junto al DT de ese momento, Jorge «Peineta» Garcés. A pesar de no ser delantero, anotó 20 goles en su paso por los Diablos Rojos, principalmente de juego aéreo, una de sus mayores virtudes.

– ¿Cómo fueron tus primeras semanas en Chillán y qué te pareció la ciudad?

– Fueron muy lindas desde lo motivacional y expectativas. Recuerdo que me habían dicho que llovía mucho y me acuerdo que fui desde Santiago en auto con mi representante y no paraba de llover. De a poco me fui afianzando, el primer semestre fue duro, con cambio de técnico. Yo fui por un año y en lo personal me fue muy bien, en lo colectivo no, pero la dirigencia quiso que renovara y me quedé por dos años y fue donde logramos el ascenso en 2012″.

– Cuando llegaste ¿pensaste que te transformarías en un jugador tan importante para la institución?

– Nunca pensé que iban a ser tantas cosas lindas en Ñublense. Sí fui con muchas ganas y mucha energía. Sentía que era un lugar maravilloso cada vez que lo iba conociendo, un club en crecimiento y éramos enamorados de él y la ciudad. Tenemos un vínculo  muy importante por muchas amistades, nació nuestra primer hija que es chillaneja. Yo siempre me entregué al máximo a cada equipo que fui. Se generó una muy linda relación que hasta el día de hoy se manifiestan en las redes y eligiéndome en el equipo histórico. Para nosotros como familia, porque fue toda mi familia a conocer la ciudad y sus alrededores, estamos identificados con Chillán».

– ¿Qué recuerdos tienes de la temporada 2012 cuando lograron el ascenso ante Barnechea?

– El año 2012 en primera B, la dirigencia mantuvo a una gran cantidad de jugadores que venían del 2011. Se armó un equipazo con mucha variedad de jugadores y buena gente. Fue un año larguísimo y que nos costó mucho al principio, la primera B es muy competitiva en Chile. Por suerte, se mantuvo a Carlos Rojas ese año que venía haciendo un trabajo bárbaro pero no se nos venían dando los resultados, creo que las primeras 5 fechas no habíamos ganado. A partir del sexto partido, contra Temuco, estuvimos 18 fechas invictos, que es muy difícil conseguir en esa categoría. Se dio jugar contra Barnechea, fueron dos partidos muy parejos porque ellos tenían un equipazo también con Mario Salas de técnico. El partido en Santiago fue uno de los más maravillosos de mi vida, ver tanta gente de Ñublense y haber conseguido el objetivo que fue propuesto y logrado.

– ¿Cómo recuerdas aquel polémico partido con Cobreloa en Chillán?

– Ese partido tuvo mucho condimento que le puso el Fantasma Figueroa, que les hizo entender a los jugadores que nosotros éramos responsables de algo que reclamó Ñublense y ellos se la agarraron con nosotros y me parece nada que ver. Yo me acuerdo que era el primero en la fila para saludar a los jugadores de Cobreloa y no me saludaron, se fueron y me generó muchísima impotencia. Me parece que entre los jugadores no puede pasar nunca eso. Ya es parte de la historia. Fue un partido re contra durísimo, muy tenso, que lo logramos ganar pero en otra cancha sucedió un empate que favorecía a Antofagasta en ese momento. Fue una triste despedida porque la idea era continuar con ese hermoso proyecto.

– ¿Sientes que quedó o tienes algo pendiente en tu carrera como profesional en Chile?

– Pendiente no me quedó nada en Chile, porque con el pasar del tiempo uno analiza lo vivido y fueron 7 años y medio maravillosos. Obviamente con cosas que no estuvieron buenas, desafíos deportivos que no se lograron y otros que sí, que quedaron marcados en diferentes clubes. Jugué en tres equipos hermosos en Chile que hasta el día de hoy tengo lazos con ellos y siempre estamos intercambiando saludos y eso me da mucho orgullo. Me fue bien y eso me da tranquilidad y es uno de los objetivos cuando te contratan los equipos.

– ¿Te gustaría volver a Ñublense?

– Yo creo que cumplí una etapa importantísima en el club, nunca me quise ir. Por suerte me convencieron de que había que tomar otro camino y no porque me quisiera ir del club, sino porque hay que conocer otros equipos y andar por otras ciudades. Fui a Iquique, jugué Copa Libertadores, conocí gente maravillosa. Después pasé por Temuco y me dio un panorama más claro de lo que es Chile. Volver a Ñublense se hace muy difícil, nosotros tomamos una decisión familiar, obviamente me hubiese podido haber quedado porque siempre tuve las puertas abiertas, siempre lo sentí así por el cariño que me tienen y yo a ellos. Siempre voy a estar ligado al club en lo que hagan para el futuro pero como jugador lo veo muy difícil porque nos instalamos como familia en Uruguay y estamos armando un proyecto nuevo de vivir con nuestra gente acá».

– ¿Qué viene para Mathías Riquero después del fútbol? ¿Podríamos ver a un Riquero DT de Ñublense?

– Después del fútbol estoy viendo qué hacer. Tengo varios proyectos y con el tema fútbol, ser Director Técnico todavía no he hecho el curso, no está en mis planes, no es que no me vea pero no me interesa mucho estar en la parte de DT. Sí voy a estar ligado al fútbol en el tema de intermediarios, de llevar jugadores a Chile o a otras partes porque creo que al haber jugado allá y haber generado lazos fuertes y de confianza, por ese lado podría ser una apertura laboral y es algo que me gusta mucho, ver fútbol y estar en contacto con los clubes que me ayudaron a mi. Después hay proyectos familiares que estamos planificando más a futuro. No sé cuánto tiempo más voy a jugar pero obviamente el retiro está muy cerca.

Mathías Riquero actualmente juega en Progreso de Uruguay, siendo uno de los jugadores mejores evaluados, situación que lo llevó a ser incluido en el equipo ideal de aquella liga. En Chile anotó más de 30 goles, siendo Ñublense una de las instituciones más importantes en su carrera como profesional.

Fotografía: Diego Ojeda/La Pelota es Mía

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