Avenida Gonzalo Jara Reyes

Cada vez que entro a Hualpén, lo hago por Avenida Colón (calle más identificada con Talcahuano), o por la Costanera Raúl Silva Henríquez (más identificada con Concepción). Paso por Los Copihues (una flor hermosa, pero no presente acá), y luego por Postdam (una ciudad alemana), y siento que algo falta en la identidad de este joven comuna.

Y así, entre flores y ciudades, se ha construido la historia de los 16 años de Hualpén, pronto a cumplir la mayoría de edad, y que a gritos pide un elemento diferenciador.

Por su lado, Gonzalo Jara ha sido parte de la historia grande del fútbol chileno. Bicampeón de América, dos mundiales jugados, y el quinto jugador con más presencias vistiendo la roja. Jugó en la Premier League y en la Bundesliga, saliendo desde Huachipato, y nunca olvidando a su club del barrio, el Críspulo Gándara.

Lo vi debutar en el 2003, como un casi improvisado lateral derecho. Ví como a punta de gritos de sus compañeros fue aprendiendo rápidamente la posición, y poco a poco creciendo en personalidad y juego. A nadie le extrañó su salto a Colo-Colo, luego al extranjero, y que llegara a la selección. ¿Se ha mandado condoros? Claro que sí. Y eso hizo que lo cuestionaran mucho algunas veces. Pero salía de la selección, y nadie respondía como él.

Hizo un par de goles rumbo a Sudáfrica 2010, y dejo mudo a Chile cuando le puso un cambio de frente a Isla en un amistoso contra España. Fue figura en Brasil 2014, y aunque perdió el penal que nos eliminó, se ganó el respeto de muchos, sobre todo tras anular a Diego Costa contra España. Se metió en la cabeza de los uruguayos el 2015, y fue preponderante el 2016.

A nivel de clubes, nunca igualó el magnánimo nivel que mostró con la roja en el pecho, pero sinceramente, eso poco importa.

Gonzalo Jara ha llevado el nombre de Hualpén por todo el mundo, y así como Puente Alto tiene su calle Charles Aránguiz, y muchos otros futbolistas recibirán sus merecidos homenajes, creo que Hualpén merece una Avenida Gonzalo Jara Reyes, que les enseñe a las niñas y niños que los sueños se pueden lograr, independiente donde nazcan. Que se puede trabajar duro, soportar los gritos del capitán, y aprender a cambiarla de frente, cuando todos te estén ahogando.

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